99 usuarios cuentan ya con “nueva casa”

Nos remontamos a un 10 de mayo.  Durante este día se realizaron los primeros ingresos de residentes (Ramona, Joaquín, Josefina, Luisa y Dominga). Entonces supe que nos encontrábamos ante el comienzo de un recorrido muy especial. Cada día teníamos la oportunidad de conocer a más mayores que pasaban a formar parte de nuestra “familia creciente”, así como también a enfermeros, fisioterapeutas y a otros profesionales que decidían embarcarse en el “Roger de Llúria”.

Como todos los inicios de los grandes proyectos, éste también fue duro. Lloramos y reímos, discutimos y nos apoyamos, trabajamos durante horarios interminables pues eran muchas las tareas encomendadas,  trabajamos con estrés, presión, sentimientos encontrados… Fueron meses de mucho esfuerzo y de continuo aprendizaje. Pero, como recoge la siguiente cita y dicen a menudo nuestros mayores, “después de la tempestad viene la calma”, y así ha sido.

Entrando por la puerta de la residencia, a mano izquierda, se encuentra mi despacho como asistenta social, como el rótulo indica. A través de las paredes de vidrio, desde este lugar, puedo ver cómo las familias y los usuarios acuden a nuestras citas. Algunos expresan una actitud de agradecimiento, otros de desconfianza, a veces se aprecian sentimientos de culpabilidad… pero casi siempre conseguimos que salgan del despacho con más optimismo.

Se trata de la primera toma de contacto entre la trabajadora social, el usuario y la familia, fundamental para favorecer la adecuada convivencia y adaptación. Desde este preciso instante me convierto en una de sus profesionales de referencia, siempre dispuesta a escuchar y a mejorar las cuestiones que se planteen, de intervenir en aquellos aspectos que lo requieran, así como de participar en las alegrías y en el ocio de nuestros mayores.

Pero llenar una residencia de 99 plazas en dos meses, evidentemente, no depende de una única profesional. Sin duda, no hubiera sido posible sin los representantes de la Fundación Salud y Comunidad y el Grupo Lagunduz, que confiaron en aquel reducido grupo de trabajadores para poner a navegar el barco “Roger de Llúria”: Fran, Marc, Marina, Tomás, Montse, Marga y una servidora, que con ilusión participamos en la puesta en funcionamiento del centro y en su inauguración.

Poco después se incorporaron, entre otros muchos, tres profesionales fundamentales para el funcionamiento de este servicio: Elena de la Mano, Directora del centro; Miguel Ángel Vargas, como coordinador de Servicios Generales, y Lara Prieto, como coordinadora sanitaria.

Y es que la Residencia y Centro de Día “Roger de Llúria”, durante estos primeros meses, ha sido algo más que un proyecto: Ha sido toda una experiencia llena de humanidad, que es lo que caracteriza en gran medida a los profesionales que trabajan en el centro y que tan bien lo han sabido llevar a él. Pero ello no hubiera sido posible sin las familias y los usuarios que tanto nos aportan y creen en nuestro trabajo. A todos, gracias.

 

Neus Montoro, trabajadora social del centro.