La Residencia del Proyecto Migratorio “El Castell”, gestionada y dirigida por la Fundación Salud y Comunidad (FSC) en la provincia de Alicante, lleva a cabo una intervención psicológica especializada, dirigida a adolescentes migrantes no acompañados. Este servicio, en funcionamiento desde el 1 de noviembre de 2017 e integrado en el Sistema Público Valenciano de Servicios Sociales, dispone de 24 plazas destinadas a jóvenes de entre 14 y 17 años. En este contexto, se lleva a cabo un acompañamiento psicológico que pone el foco en un aspecto clave, aunque a menudo invisible, el duelo migratorio.
El duelo migratorio hace referencia al proceso psicológico de elaboración emocional de las múltiples pérdidas asociadas a la experiencia migratoria (Achotegui, 2022). En el caso de los adolescentes que llegan sin apoyo familiar a España, estas vivencias se producen en una etapa especialmente vulnerable, lo que puede afectar a su bienestar emocional y a su proceso de adaptación.
Aunque tradicionalmente ha sido un ámbito escasamente abordado en la literatura científica, en los últimos años se ha registrado un notable incremento de estudios centrados en el duelo migratorio en población joven —especialmente entre 2022 y 2026—, lo que ha puesto de relieve la necesidad de abordar estas vivencias desde una perspectiva psicológica específica.
Ante esta realidad, en 2023 se comenzaron a desarrollar en la residencia sesiones individuales y talleres grupales, impartidos por el equipo de psicología del servicio, con el objetivo de acompañar a los jóvenes en la elaboración de las pérdidas asociadas a su proyecto migratorio. En 2025, se incrementó la frecuencia de las sesiones grupales, reforzando así el trabajo emocional en el centro.
Como evolución de esta intervención, y en respuesta a las necesidades detectadas en la práctica diaria, este año se ha diseñado e implementado un programa específico de salud emocional y prevención secundaria, integrado por 14 sesiones, centrado en la elaboración del duelo migratorio.
El programa se estructura en tres fases diferenciadas. En una primera fase, se aborda el conocimiento, la evaluación y la generación de un clima de confianza (sesiones 1-5). También, se lleva a cabo la presentación del grupo mediante dinámicas participativas, así como una evaluación inicial, a través de instrumentos como el Cuestionario Educativo-Clínico: Ansiedad-Depresión (CECAD) y un cuestionario breve sobre duelo migratorio.
En estas primeras sesiones, se introduce el concepto de duelo migratorio mediante psicoeducación, se trabajan los siete duelos migratorios a través del “mural del duelo” y se facilita la identificación y expresión emocional, mediante actividades como el mapa de emociones, el visionado del cortometraje “El viaje de Said” o dinámicas como “La maleta de mi vida”.
En una segunda fase (sesiones 6-10), se profundiza en la elaboración del duelo migratorio a través del trabajo sobre la historia personal, la conciencia emocional y la regulación emocional. Para ello, se utilizan herramientas como “La línea del viaje”, la rueda de emociones o el análisis de materiales audiovisuales como “Los niños olvidados de Melilla”. De igual manera, se abordan estrategias de regulación emocional mediante técnicas como el semáforo emocional, así como la gestión del estrés y la ansiedad a través de ejercicios de respiración y relajación, incorporando dinámicas orientadas al fortalecimiento del apoyo social y la cohesión grupal.
Finalmente, en una tercera fase (sesiones 11-14), el programa se orienta hacia el fortalecimiento de la identidad y la proyección de futuro. Se trabajan aspectos como la identidad cultural y el sentido de pertenencia, la identificación de recursos personales y fortalezas, así como la construcción de un proyecto vital, mediante actividades como la “Carta a mi yo del futuro”. El programa finaliza con una sesión de cierre y reflexión grupal, en la que se realiza la actividad “raíces y alas”, junto con una evaluación final mediante la reaplicación del CECAD y del cuestionario de duelo migratorio.
Este programa tiene como finalidad dotar a los adolescentes de herramientas estructuradas que les permitan comprender, expresar y gestionar sus vivencias emocionales, favoreciendo un abordaje, tanto preventivo como terapéutico, de las dificultades asociadas al proceso migratorio. En esta intervención, se combina evaluación, acompañamiento terapéutico y trabajo psicoeducativo para promover la salud emocional y prevenir la aparición de dificultades psicológicas más graves.
Cabe señalar que los datos recogidos en las memorias del servicio entre 2023 y 2025 muestran una evolución positiva en varios indicadores clave de salud mental. Destaca el descenso progresivo del consumo de sustancias (de 15 casos en 2023 a 10 en 2025), así como la reducción de las conductas autolesivas (de 3 casos a 1 en el mismo periodo). Del mismo modo, los trastornos de conducta, que alcanzaron su punto más elevado en 2024, disminuyen de forma significativa en 2025.
En conjunto, estos datos apuntan a un impacto positivo de las intervenciones psicológicas desarrolladas en el centro, consolidando un modelo de intervención basado en el acompañamiento continuado, la detección precoz y el trabajo psicoeducativo. Los resultados observados reflejan una mejora significativa en el bienestar emocional de los jóvenes, evidenciándose una disminución de la sintomatología ansiosa y depresiva, así como una reducción de las dificultades conductuales.
Se observa, además, un aumento de los recursos personales, una mejor regulación emocional y una mayor adaptación al entorno residencial y comunitario. Otros indicadores reflejan una estabilización clínica, como los problemas emocionales evaluados mediante el Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes (SENA), que se mantienen en rangos similares, aunque con presencia de sintomatología ansiosa moderada. Estos resultados evidencian la necesidad de continuar reforzando los recursos personales, especialmente en áreas como la autoestima, la regulación emocional y la integración social.
A la hora de trabajar el duelo migratorio, se tiene muy presente que no se trata únicamente de abordar lo que se ha perdido, sino también de acompañar en la construcción de nuevas oportunidades. Como bien resume una de las actividades del programa diseñado: se trabajan las raíces para recordar de dónde vienen, y las alas para imaginar hacia dónde quieren ir.
Desde la Fundación Salud y Comunidad, continuamos apostando por una atención integral que sitúe a la persona en el centro de la intervención, acompañando sus procesos desde una mirada cercana y especializada, y promoviendo oportunidades reales de inclusión y bienestar.


