Hay días que dejan una huella profunda y que nos recuerdan por qué trabajamos con personas y por qué creemos en ellas. La participación de la Residencia y Centro de Día “Roger de Llúria” de Reus (Tarragona), servicio de titularidad de la Secretaría de Inclusión Social y de Promoción de la Autonomía Personal (SISPAP) de la Generalitat de Cataluña, gestionada por la Fundación Salud y Comunidad (FSC) en consorcio con el Grupo Lagunduz, en la II Cursa “Fem Salut” del Hospital Sant Joan de Reus, fue uno de esos días. El evento deportivo y solidario celebrado en Reus recientemente, ha estado centrado en promover hábitos de vida saludables.

Todo nació de una chispa: la propuesta de nuestro fisioterapeuta Saúl, quien una mañana compartió su ilusión de llevar a los usuarios y usuarias del centro a recorrer el kilómetro adaptado de la cursa. La idea, lejos de generar dudas, despertó un entusiasmo inmediato. Dirección del servicio y gerencia dijeron “sí” sin vacilar, con esa convicción que solo aparece cuando una iniciativa es buena, humana y necesaria.

A partir de ahí, todo fluyó de forma natural. Creamos gorras con nuestro logo, símbolo de identidad y cohesión, pero también de orgullo: éramos un equipo, y queríamos que todo el mundo lo viera. Saúl dedicó horas, llamadas, organización y, sobre todo, corazón. A su lado, Tere (TASOC), Yolanda (directora del centro), Sandra (psicóloga) y Yolanda (trabajadora social) sumaron su energía y compromiso.

¿El resultado? 10 residentes: María, Aurora, Paquita, Luisa, Rosa, Vicenta, Miquel, Amancio, Ángel y Juan Pedro, acompañados de sus familias, preparados para vivir una experiencia única.

Ya en la recogida de dorsales, dos días antes, recibimos un regalo inesperado: el equipo organizador y los coordinadores de traumatología nos felicitaron emocionados. Nos dijeron: “sois los únicos representantes de una residencia. Habéis entendido la esencia de la cursa: el movimiento alarga y aporta salud a la vida.” Aquellas palabras nos llegaron al corazón.

El día de la cursa, las familias llegaron puntuales a primera hora, y el personal auxiliar ayudó a que todos/as estuvieran listos, con los dorsales bien colocados y la sonrisa preparada. Y, para nuestra sorpresa, también apareció Siurana, auxiliar de la residencia, para echarnos una mano y compartir la alegría del momento.

El ambiente era una fiesta: batucada, música en vivo, animación, profesionales sanitarios animando sin parar… Y nosotros/as, con nuestras gorras, convertidos en el punto de mira de los fotógrafos, algo que hacía reír y disfrutar a las personas mayores como niños/as.

Durante el kilómetro, estudiantes de medicina, enfermería y fisioterapia caminaban a su lado, conversando, admirando su fuerza y valentía. Las imágenes lo explican mejor que cualquier palabra: manos entrelazadas, risas compartidas, miradas de complicidad.

Y así, juntos, cruzamos la línea de llegada. Lo conseguimos. Lo consiguieron.

La felicidad aún nos dura. Y ya tenemos un nuevo reto: el año que viene queremos ser el doble de participantes en este evento deportivo.