La Fundación Salud y Comunidad (FSC) celebró el pasado 25 de marzo su VI Jornada Interna del Plan de Igualdad, bajo el título “Uso y abuso de psicofármacos: una mirada de género en relación con las políticas de igualdad”, a la que asistieron alrededor de 100 profesionales de la entidad. Este encuentro nació con el objetivo de reforzar el compromiso de FSC con la igualdad entre mujeres y hombres, así como de visibilizar el trabajo que viene desarrollando en este ámbito. En esta ocasión, la jornada se enmarcó en las actividades vinculadas al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y buscó generar reflexión, formación y espacios de intercambio de experiencias entre profesionales de las diferentes áreas de trabajo.

El programa de la jornada, realizada en formato online, comenzó a las 9:30 horas con una contextualización a cargo de José Luis Sánchez, Adjunto a la Dirección Ejecutiva de FSC, quien señaló que desde la Fundación Salud y Comunidad se quiere contribuir a la igualdad de mujeres y hombres en todos los escenarios. En este sentido, afirmó que la pluralidad de proyectos que se gestionan permite conocer las diversas realidades y aportar nuestro “grano de arena” en los avances sociales que se están produciendo. También, que los años de experiencia en el abordaje de las diferentes temáticas que se trabajan, nos han aportado un amplio campo de conocimiento en la atención a las diversas realidades complejas que tratamos, especialmente en su interrelación.

Según mantuvo, aplicar esas experiencias nos permiten detectar, analizar e intervenir en “nuevas” realidades sociales, como es el caso del uso y abuso de medicamentos: los estudios más recientes, como la Encuesta EDADES 2024 y los informes del Plan Nacional sobre Drogas, muestran que en España el consumo de hipnosedantes y ansiolíticos es significativamente más alto entre mujeres que entre hombres, consolidándose como una de las sustancias más utilizadas, después del alcohol y el tabaco.

Esta diferencia se mantiene a lo largo de toda la vida adulta, si bien aumenta de manera destacada con la edad, alcanzando su máxima prevalencia entre las mujeres de 55 a 64 años, donde más de una de cada cinco las ha consumido en el último mes. Por este motivo, José Luis Sánchez explicó que, dentro de nuestro Plan de Igualdad 2023-2026, se planteó realizar esta VI Jornada Interna, con el tema: “Uso y abuso de psicofármacos: una mirada de género en relación con las políticas de igualdad”.

Tras esta presentación, intervino Gisela Hansen, en representación del Proyecto Malva de FSC que analizó la relación entre género y prescripción de psicofármacos desde una perspectiva estructural, cuestionando la mirada exclusivamente clínica del malestar. En este sentido, mantuvo que los datos epidemiológicos muestran que las mujeres consumen más psicofármacos y presentan mayores tasas de diagnóstico en salud mental, incluso en igualdad de síntomas, lo que evidencia la existencia de sesgos de género en el sistema sanitario.

Estos sesgos operan de forma diferencial: mientras que en la salud física el dolor y los síntomas de las mujeres tienden a ser infradiagnosticados o minimizados, en salud mental se produce una sobrediagnosis y sobremedicalización, por lo cual planteó una crítica al modelo biomédico por su deriva androcéntrica y reduccionista, que tiende a descontextualizar el malestar y a convertir problemas sociales —como la precariedad, la sobrecarga de cuidados o la violencia de género— en trastornos individuales.

Desde el análisis de diversas investigaciones, argumentó que la medicalización no es un fallo del sistema, sino una forma de gestionar el malestar sin transformar sus causas estructurales. Los psicofármacos actúan como tecnologías de adaptación que permiten sostener condiciones de vida marcadas por la desigualdad de género, especialmente en un contexto de exigencia productiva y explotación del tiempo.

Además, las políticas de drogas contribuyen a normalizar este consumo, siempre que sea funcional y permanezca en el ámbito privado. Todo ello favorece procesos de cronificación, donde el fármaco pasa a formar parte de la vida cotidiana.

En definitiva, según expuso Gisela Hansen, el consumo de psicofármacos en mujeres no puede entenderse como un problema individual, sino como el resultado de desigualdades estructurales. La intervención requiere, por tanto, incorporar una perspectiva de género, desmedicalizar los malestares sociales y actuar sobre sus causas: la violencia, la precariedad y la desigualdad, todo ello desde un marco de competencia profesional y justicia social.

Seguidamente, se visionó el vídeo “Abordemos los psicofármacos con mirada violeta”, realizándose más tarde una mesa redonda, moderada por Marta Saiz, periodista de Lasdrogas.info, en la que participaron Rafa Clua, Diplomado Universitario en Enfermería (DUE) del CAS Brians; Annery Báez, médica del CAS Brians y Olga Lucía Orjuela, psicóloga del Centro Municipal de Acogida de Urgencia por Violencia Machista (CMAU-VM) en Barcelona, servicios gestionados por la Fundación Salud y Comunidad.

Rafa Clua y Annery Báez señalaron que, en la intervención con mujeres consumidoras de drogas, especialmente en aquellas que presentan un uso problemático de psicofármacos, es fundamental reducir la estigmatización y romper con los estereotipos de género. Explicaron que la intervención debe centrarse en la escucha activa y en la creación de espacios de confianza. Más que poner el foco en el diagnóstico, mantuvieron que resulta clave atender las necesidades básicas y comprender la trayectoria vital de las mujeres, incorporando una mirada integral que tenga en cuenta los determinantes sociales de la salud. Asimismo, es necesario superar las barreras estructurales y sociales que dificultan el acceso a los servicios, promoviendo intervenciones de reducción de daños.

La construcción de una relación terapéutica sólida se basa en la presencia, la empatía y la continuidad en el acompañamiento, facilitando el abordaje comunitario y la creación de redes de apoyo. Para la reducción del consumo de psicofármacos, se requieren protocolos e intervenciones psicosociales con una mirada integral, en los que las mujeres sean protagonistas de sus procesos de recuperación. De cara al futuro, es imprescindible ampliar la perspectiva de género, incluyendo a mujeres y hombres en toda su diversidad, con especial atención al colectivo LGTBIQ+, para garantizar respuestas más inclusivas, equitativas y efectivas.

Por su parte, Olga Lucía Orjuela, psicóloga del CMAU, abordó el uso de psicofármacos en mujeres en situación de violencia machista, señalando su frecuente utilización como respuesta rápida al malestar emocional en contextos de crisis.

Desde una perspectiva de género, destacó el riesgo de medicalizar respuestas comprensibles al trauma, individualizando el sufrimiento e invisibilizando sus causas estructurales. Asimismo, señaló la importancia de generar comprensiones desde una mirada interseccional y decolonial, subrayando como factores como la migración, el racismo o la precariedad atraviesan estos procesos y no siempre son considerados en procesos de acompañamiento a las violencias.

En este sentido, recalcó que es necesario plantear la necesidad de avanzar hacia un abordaje más integral, que incluya enfoques de género y trauma, promueva decisiones informadas sobre la medicación y refuerce alternativas no farmacológicas centradas en el tránsito del malestar.

La jornada finalizó sobre las 10:30 horas, tras un turno de preguntas y el cierre de la sesión. Con esta iniciativa, FSC reafirma su compromiso con la igualdad y con el fortalecimiento del papel de los equipos profesionales como agentes clave en la protección y acompañamiento en los servicios que gestiona.