Los pisos terapéuticos de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) en Barcelona, consolidaron durante el pasado año 2025 su papel como recursos clave de reinserción, dirigidos a personas con adicciones, en un contexto marcado por mayor complejidad clínica, un incremento notorio de las adicciones comportamentales, así como por importantes desigualdades de género. Las Memorias de ambos servicios de 2025 muestran dos recursos residenciales que, en un entorno de alta complejidad clínica y social, mantienen su papel como componentes esenciales del Circuito de Tratamiento de las Adicciones de FSC.
En relación con las personas atendidas, durante 2025 se continuó con la tendencia habitual en recursos mixtos, que no es la deseable, referida a que se sigue presentando una clara desigualdad de género.
Asimismo, se atendió a un 41% de mujeres de los pisos, respecto al total de personas que realizaron tratamiento. A pesar de ello, y estando lejos de la equidad, el aumento de mujeres que accedieron y continúan accediendo a nuestros servicios es cada vez mayor.
En ambos pisos terapéuticos ubicados en Barcelona, el número de mujeres sigue siendo muy inferior al de hombres, pese a la agilización del circuito de ingreso específico para ellas.
Por otra parte, se observaron determinadas características comunes en el perfil de las personas atendidas en ambos pisos:
- Edad: hombres y mujeres se sitúan alrededor de los 42–43 años, en edad laboral activa.
- Derivaciones y residencia: ambos perfiles proceden mayoritariamente de la provincia de Barcelona y suelen llegar derivados de su Centro de Atención y Seguimiento (CAS) de referencia.
- Sustancias principales: predominan el alcohol y la cocaína como drogas que motivan el tratamiento, con frecuencia en combinación con otras sustancias.
- Alta presencia de patología dual y adicciones comportamentales: en todas las personas usuarias, se observa comorbilidad en salud mental y una proporción alta de adicciones sin sustancia, lo cual aumenta la complejidad, de cara al proceso de recuperación de las personas.
En esta línea, la comorbilidad en salud mental adquiere una relevancia especialmente significativa. Del total de personas atendidas en ambos pisos, el 58,7 % presentaba un diagnóstico psiquiátrico asociado. Predominan principalmente los trastornos de personalidad del clúster B (se caracterizan por tener dificultades en la gestión de las emociones y por dificultades interpersonales), así como los trastornos del estado de ánimo y los trastornos de ansiedad, lo que añade un mayor nivel de complejidad a los procesos terapéuticos y requiere intervenciones altamente especializadas e integrales.
Cabe señalar también que en el ejercicio 2025, se observó un protagonismo creciente en las adicciones comportamentales – juego, sexo, compras o nuevas tecnologías – como factor de desestabilización de los procesos terapéuticos. En uno de los pisos terapéuticos, el 57% de las personas atendidas presentaron a la vez adicción a sustancias y adicciones comportamentales, lo que dificultó la intervención, elevó el riesgo de recaída y reclamó más recursos, así como una mayor especialización por parte de los equipos terapéuticos.
Además, las Memorias de estos dos servicios de 2025 evidencian con claridad la persistencia de la brecha de género y la violencia machista como elementos estructurales presentes en la trayectoria vital de muchas de las mujeres atendidas, condicionando su evolución terapéutica.
Si analizamos la variable género femenino, el perfil predominante es el de una mujer de unos 43-45 años, soltera o separada, con hijos/as a cargo, adicción al alcohol y a la cocaína, escasos ingresos económicos y diversos factores de vulnerabilidad. El 75% de las mujeres presentaron una adicción comportamental y, dentro de este grupo, un 67% sufrió un trastorno de la conducta alimentaria, lo que subraya la intersección entre género, salud mental y adicción.
De la misma manera, el 80% de las mujeres que ha realizado tratamiento, ha sufrido violencia de género, habiendo hecho necesario un trabajo profundo sobre la toma de conciencia de la violencia vivida, su impacto psicológico y emocional y la relación de estos hechos con el consumo.
En conjunto, las Memorias de 2025 presentan dos recursos residenciales que, en un contexto de elevada complejidad clínica y social, continúan siendo elementos clave dentro del Circuito de Tratamiento de las Adicciones. Estos pisos terapéuticos integran intervención clínica, acompañamiento social, perspectiva de género y estrategias de reinserción, con el objetivo de apoyar a las personas en el desarrollo de proyectos de vida más autónomos y libres de consumo.


