La Residencia de Adaptación Psicosocial para niños, niñas y adolescentes “Picón de Jarama”, ubicada en Paracuellos de Jarama (Madrid) y gestionada por la Fundación Salud y Comunidad (FSC), ha participado recientemente en el Encuentro de Saberes para la prevención de la ESIA, organizado por Médicos del Mundo, un espacio de reflexión y diálogo interdisciplinar centrado en la prevención, detección y abordaje de la Explotación Sexual Infantil y Adolescente (ESIA).

El centro participó en la Mesa 1: “De la teoría a la práctica: acompañamiento y protección”, donde se compartieron experiencias y enfoques profesionales desde distintos ámbitos de intervención con niños, niñas y adolescentes. Durante la sesión, se destacó la necesidad de ofrecer un acompañamiento integral, que combine la creación de espacios seguros, la contención emocional y el respeto a los tiempos de cada víctima.

La experiencia desarrollada en la Residencia de Adaptación Psicosocial para niños, niñas y adolescentes “Picón de Jarama”, puso de manifiesto la importancia de un abordaje terapéutico especializado, que permita una actuación profesional planificada y no condicionada por la urgencia, especialmente cuando se trata de hechos traumáticos del pasado. Este enfoque resulta clave para evitar el miedo o la revictimización, así como para favorecer el respeto de los silencios, el diálogo y el reconocimiento de la verdad de las víctimas.

Asimismo, se señaló la alta probabilidad de revictimización ante la falta de una adecuada coordinación entre los distintos sistemas implicados -policial, judicial y forense-, así como la necesidad de garantizar una verdadera prueba preconstituida. Las personas participantes coincidieron en la urgencia de reforzar la dotación de personal, establecer protocolos claros y asegurar un abordaje centrado en la protección y salvaguarda de cada menor.

Otro de los aspectos abordados fue la especial vulnerabilidad de niños y niñas migrantes, quienes sufren situaciones de explotación, tanto durante el trayecto migratorio como tras su llegada. Para hacer frente a esta realidad, se subrayó la necesidad de contar con recursos, infraestructuras y sistemas de protección adecuados, con ratios de personal que permitan un acompañamiento continuado y la construcción de vínculos estables.

En la mesa, participaron profesionales de Médicos del Mundo, de recursos residenciales y del ámbito social, quienes también compartieron las dificultades existentes en el sistema de educación reglada, donde la ausencia de un currículo que aborde de manera segura y saludable la afectividad y la sexualidad deja a adolescentes y jóvenes expuestos a contenidos como la pornografía y a dinámicas de relación, difundidas a menudo a través de redes sociales, que cosifican las relaciones afectivo-sexuales y normalizan la violencia.

Por otra parte, la Mesa 2: “Entornos digitales y ESIA: favorecer la autonomía frente al riesgo” se centró en la influencia de los entornos digitales en la construcción de la identidad, la sexualidad y las relaciones durante la adolescencia. En ella participaron Laura Barrios Oliver, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes; Elisa García Mingo, investigadora y profesora de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid; y Lara Gil, activista contra la “gordofobia”.

Como reflexión final de la jornada, se destacó la necesidad de un abordaje integral y coordinado frente a las diversas formas de violencia que afectan a niños, niñas y adolescentes. Se incidió en que instituciones y entidades del ámbito social deben trabajar de manera conjunta para fortalecer una red de protección eficaz frente a la ESIA. También, se puso de manifiesto que, mientras la explotación sexual y el tráfico de menores continúan generando beneficios para unos pocos, miles de víctimas, visibles e invisibles, permanecen atrapadas en la desesperanza.

En este contexto, los/as profesionales enfrentan una responsabilidad ética ineludible: acompañar a cada víctima, sostener sus miedos y silencios, reducir la sensación de indefensión y avanzar paso a paso, siempre desde el respeto, la escucha activa y el compromiso constante. Esta labor no solo protege, sino que también ofrece a las víctimas la oportunidad de ser escuchadas y reconocidas en su verdad.