Con motivo de la Diada de Sant Jordi el pasado 23 de abril, el «Centro de Día Crisàlide», servicio gestionado y dirigido por la Fundación Salud y Comunidad (FSC) en Barcelona, volvió a llenar de color y emoción las calles de la ciudad con su ya tradicional parada de rosas, libros, llaveros, puntos de libro y otros objetos de madera. Se trata de una celebración muy esperada que – año tras año – se convierte en un símbolo de esfuerzo, creatividad y orgullo por el trabajo bien realizado durante todo el año por parte de las personas usuarias del servicio.
La parada, situada este año en una calle peatonal a escasos minutos del Paseo de Gracia en Barcelona, se convirtió en un entrañable punto de encuentro. Allí coincidieron personas de distintos recursos de la entidad, derivadores, familiares, amigos/as, personas voluntarias y el equipo profesional del centro. A todos ellos/as se sumaron los centenares de ciudadanos y ciudadanas que paseaban por las calles de la ciudad y que se detuvieron para acompañar, reconocer y celebrar el valioso trabajo realizado por las personas usuarias, auténticas protagonistas de una jornada llena de emoción y significado.
Cada pieza de madera expuesta fue el reflejo tangible de un camino recorrido con dedicación, aprendizaje y entusiasmo. Para las personas usuarias, este día trasciende lo meramente simbólico. Es una ocasión para mostrar su talento, visibilizar sus capacidades y compartir con orgullo el fruto de su esfuerzo en las actividades llevadas a cabo en el servicio. Supone además un momento de transformación, donde la autoestima se fortalece y la mirada hacia uno/a mismo/a cambia: la desesperanza se convierte en esperanza, la negación en honestidad, la vergüenza en orgullo, el miedo en acción, el aislamiento en conexión y la autodestrucción en un compromiso con el autocuidado.
La participación entusiasta, el ambiente festivo y el reconocimiento compartido volvieron a hacer de esta celebración una experiencia muy enriquecedora. Resultó conmovedor ver cómo las personas usuarias presentaban sus creaciones con ilusión, alegría y una confianza renovada. El brillo en sus ojos fue, sin duda, uno de los regalos más valiosos de la jornada. Sant Jordi se convirtió, un año más, en un día verdaderamente emotivo: el día de quienes, con una fuerza y valentía inmensas, eligieron enfrentarse a lo que duele y demostrar que nadie está condenado a permanecer en el lugar donde cayó. Tal y como señalaba Concepción Arenal, escritora, jurista y pionera del trabajo social en España, la persona que se levanta es aún más fuerte que la que nunca ha caído.
En definitiva, la parada de rosas de madera no solo aportó belleza a Sant Jordi, sino que, un año más, fue un símbolo poderoso de inclusión, empoderamiento y compromiso social. El «Centro de Día Crisàlide» de la Fundación Salud y Comunidad, nos volvió a mostrar que, cuando el acompañamiento se ofrece con respeto y se confía de verdad en el potencial de cada persona, nacen experiencias profundamente transformadoras, porque donde hay cariño y cuidado, siempre hay un lugar para la esperanza.
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