Desde 2003, “Conecta y Actúa” desarrolla una propuesta de prevención familiar dirigida a padres y madres con hijos e hijas de 0 a 16 años, impulsada por la Subdirección General de Drogodependencias de la Generalitat de Cataluña y gestionada por la Fundación Salud y Comunidad (FSC). Su objetivo es fortalecer las competencias parentales y prevenir conductas de riesgo relacionadas con el consumo de sustancias y el uso de pantallas. Para conocer mejor cómo nació esta iniciativa, qué aprendizajes ha dejado a lo largo de los años y cuáles son los retos de futuro, hemos entrevistado a Quim Cabra, coordinador del proyecto.
– El programa “Conecta y Actúa” lleva tiempo desarrollándose en Cataluña. ¿Cómo ha evolucionado desde sus inicios y cuál dirías que es su principal objetivo en la actualidad?
Los orígenes del proyecto los podemos situar en el 2003 con la elaboración de las guías “Conecta con tus hijos” desde la Subdirección General de Drogodependencias de la Generalitat de Cataluña. A partir de la colaboración en estas publicaciones, trabajamos en una propuesta de trabajo en el ámbito familiar.
En el diseño de la misma, teníamos claro que queríamos trabajar desde lo que, en aquel momento, denominábamos “prevención inespecífica”. Todavía no se hablaba del concepto de “habilidades parentales positivas”. Nuestro enfoque partía de los factores de protección, poniendo el foco en la familia y situando en el centro a los niños y niñas y sus relaciones familiares. Esta perspectiva se planteaba en contraposición a las propuestas más centradas en las sustancias, los riesgos y los peligros.
Durante el curso 2004-05, comenzamos con un único taller, “Hablamos de drogas”, en el que participaron 26 formadores y formadoras, y se llevaron a cabo un total de 220 talleres.
En el curso 2005-06, incorporamos un segundo taller, “Actúa”, realizando un total de 337 talleres. Cabe destacar también que en el 2006 incorporamos plenamente la Recomendación Rec, incorporando el ejercicio positivo de la parentalidad positiva.
– Desde los inicios, tratasteis de diferenciar vuestra propuesta de las tradicionales “charlas”. ¿Por qué era tan importante para vosotros/as poner énfasis en que se trataba de talleres?
Sí, este proyecto ofrecía ya desde sus inicios que madres y padres pudieran repensar su propio rol y disponer de un espacio compartido de trabajo y reflexión, en el que pudieran adquirir habilidades y estrategias parentales y aprender a tomar decisiones de manera flexible, teniendo en cuenta las circunstancias y las características de cada hijo e hija.
Desde el inicio, definimos el papel de los formadores y formadoras como el de facilitadores del proceso: personas que favorecieran la expresión de opiniones y experiencias personales, acompañaran a los/as participantes y promovieran su implicación activa a lo largo del taller.
De este modo, los verdaderos protagonistas son los padres y madres, que adoptan un papel activo y participativo y, al mismo tiempo, cuentan con un espacio que facilita un proceso de reflexión profunda sobre la vida en familia y sobre la propia experiencia de ser madre o padre.
No ofrecemos “recetas mágicas” ni modelos cerrados sobre cómo ejercer la parentalidad. Tratamos de generar un espacio para reflexionar sobre qué significa ser padre o madre y para ir construyendo nuestra propia manera de ejercer este papel. Entendemos que no existe un único modelo ni una única forma de hacer las cosas; cada familia y cada hijo o hija son diferentes. Por eso, el punto de partida debe ser siempre nuestra propia realidad, desde la que iniciar un proceso de reflexión y aprendizaje.
– Después de todos estos años de trabajo, ¿qué habéis ido aprendiendo por el camino?
Hemos aprendido que es muy importante comenzar el taller escuchando a las familias y preguntarles:
A partir de lo que las familias nos comparten, vamos articulando y tejiendo nuestra intervención. De este modo, partimos de sus propios intereses, preocupaciones y experiencias, y conseguimos que los contenidos que se trabajan sean significativos y estén directamente relacionados con su realidad familiar.
En definitiva, reconocer la importancia del equipo como alma del proyecto “Conecta y Actúa”. Con el tiempo, hemos aprendido a valorar especialmente la importancia de los encuentros que realizamos periódicamente durante los fines de semana. Son espacios fundamentales para encontrarnos, fortalecer los vínculos entre el equipo, compartir experiencias y recursos, y trabajar conjuntamente en la elaboración y actualización de contenidos.
Por otra parte, el relevo y la incorporación de nuevos formadores y formadoras a los equipos profesionales ha sido un gran acierto. La llegada de nuevas personas ha aportado nuevas miradas, experiencias y formas de hacer, contribuyendo a enriquecer y fortalecer el proyecto.
También hemos aprendido a adaptarnos a las nuevas demandas y realidades de las familias, como el impacto de las pantallas, sin perder nunca nuestra esencia: seguir poniendo en el centro a los niños y niñas, sus necesidades y sus relaciones familiares.
– ¿Qué destacarías de las actividades que se han desarrollado durante esta edición del programa?
Durante el curso 2025-26, hemos trabajado en una nueva propuesta de talleres, “Hablamos de pantallas 0-6 años”, para dar respuesta a una necesidad cada vez más presente entre las familias. En los últimos años, han aumentado los estudios en el ámbito pediátrico que alertan sobre los posibles efectos de una exposición continuada a las pantallas antes de los 5 años y, al mismo tiempo, el número de horas que los niños y niñas más pequeños pasan frente a las pantallas sigue creciendo año tras año.
Asimismo, hemos incorporado el formato “taller en línea”, realizando varias sesiones de “Hablamos de pantallas” en esta modalidad. Esta nueva posibilidad nos ha permitido adaptarnos a las necesidades de las familias y ampliar las formas de participación, manteniendo siempre la esencia y el enfoque participativo de nuestros talleres.
– Durante la implementación de la presente edición, ¿cuáles han sido las principales dificultades o desafíos a los que os habéis enfrentado?
Cada curso encontramos más dificultades para alcanzar la asistencia mínima de 10 personas en algunos talleres. En muchos casos, las Asociaciones de Familias de Alumnos (AFA) tienen dificultades para conseguir la participación de las familias en las actividades dirigidas a ellas.
El principal reto es trabajar conjuntamente con las asociaciones para conseguir una mejor dinamización y difusión de las propuestas de trabajo con familias, favoreciendo que se impliquen y movilicen. En este sentido, consideramos fundamental cambiar el foco de la “formación teórica” hacia un modelo de “grupo de apoyo y encuentro”.
Las familias no buscan una lección magistral; buscan conectar, compartir sus experiencias, desahogarse y sentir que no están solas ante los retos cotidianos de la crianza y la educación de sus hijos e hijas.
Por otro lado, las valoraciones de las AFA constatan que el programa cuenta con un reconocimiento institucional muy sólido por parte de las asociaciones y de las entidades organizadoras, con puntuaciones próximas a la máxima valoración en prácticamente todos los aspectos evaluados.
– ¿Qué balance hacéis de los resultados obtenidos?
El balance global es muy positivo, manteniéndose unos niveles de valoración y satisfacción muy elevados. Seguimos trabajando en la renovación y actualización de las propuestas, adaptándolas a las nuevas necesidades y realidades de las familias.
Asimismo, el equipo de formadores y formadoras continúa creciendo y ampliándose para poder dar respuesta a las necesidades de los diferentes territorios.
– Mirando al futuro, ¿qué objetivos o líneas de mejora os gustaría impulsar para seguir fortaleciendo el programa “Conecta y Actúa”?
Un reto de futuro es seguir trabajando con las AFA y las entidades en la dinamización y transformación del formato de las actividades dirigidas a las familias.
Ya en 2010, elaboramos un tríptico dirigido a las asociaciones con orientaciones para facilitar la dinamización de los talleres. Actualmente, creemos que es necesario actualizar esta propuesta y adaptarla a las nuevas herramientas y posibilidades que ofrecen las redes sociales y los canales de comunicación con las familias.
También debemos repensar la manera de comunicar y difundir estas actividades. El mensaje no debería transmitir una obligación más para las familias, sino ofrecer un espacio de alivio, apoyo y encuentro. Se trata de poner el foco en la desmitificación de la crianza ideal y transmitir un mensaje sencillo: “Ven a compartir tus dudas en un espacio seguro y sin juicios”.
En este sentido, las AFA disponen de herramientas que podemos potenciar, como el papel de los delegados y delegadas de clase o las diferentes redes y canales de comunicación con las familias, que permiten establecer un diálogo más directo y cercano.
– Para finalizar la entrevista, ¿qué mensaje trasladaríais a las familias que están pensando en participar en uno de estos talleres?
Aunque cada vez nos cuesta más salir de casa para asistir a sesiones o actividades de las AFA, hay algo que se repite de manera constante en las valoraciones de las familias participantes. A pesar de tratarse de talleres de tres sesiones, muchas de ellas señalan que les ha faltado tiempo, que necesitarían más sesiones o que no han podido abordar todos los temas que les preocupan.
Esto refuerza el valor de estos espacios de encuentro: espacios para compartir, escuchar y descubrir que “eso que me pasa a mí con mi hijo o hija” no es algo que nos ocurre únicamente a nosotros. Las preocupaciones, los miedos y las dudas forman parte de la experiencia de muchas familias.
Estos talleres también permiten descubrir que existen muchas y diversas maneras de ser padre y madre y que no existen las familias ni los padres y madres perfectos. Lo importante es disponer de espacios en los que podamos parar, compartir y reflexionar sobre nuestra propia experiencia.
En definitiva, se trata de ir construyendo y reflexionando sobre nuestra propia manera de ser padre o madre, entendiendo que no existe un único modelo ni una única forma de hacer las cosas. Cada familia parte de su propia realidad, y es desde ahí desde donde podemos iniciar ese proceso de reflexión y aprendizaje.
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