Inserción y ejecución penal, una cuestión de derechos

0
448

El pasado martes, 19 de junio de 2018, la Mesa del Tercer Sector Social de Cataluña organizó una jornada en colaboración con el diario Ara sobre el acompañamiento a las personas a la salida de prisión. En el acto se presentó un informe basado en la experiencia en su salida del centro de 25 personas reclusas, 13 de ellas en el Centro Penitenciario Brians y 12 en Ponent. El documento identifica los diversos ámbitos de actuación susceptibles de mejora y que tienen una incidencia directa en sus posibilidades de inserción: gestión documental, vivienda, soporte relacional y familiar, ocupación y atención especializada entre otros. Sin duda el apoyo de las diversas administraciones, la colaboración del tejido empresarial y la complicidad de la ciudadanía son clave para favorecer un acompañamiento en condiciones. Como hemos señalado en numerosas ocasiones, el proceso de desistimiento (el hacer de la práctica delictiva algo difícilmente conciliable con el estilo de vida actual de la persona) requiere de la implicación de la sociedad en su conjunto, restableciendo así el pacto social y transmitiendo claramente un mensaje que apueste por hacer posible una segunda oportunidad.

Desde la Fundación Salud y Comunidad (FSC) el compromiso y la lucha por reivindicar la condición de ciudadanía de estas personas se remonta a finales de los años 80, momento en el que los programas de actuación en drogodependencias empiezan a acercarse tímidamente a las diversas realidades que concurren en el ámbito de la ejecución penal. La participación en programas de carácter intrapenitenciario como el programa PID, de intervención con drogodependientes en la ya desaparecida prisión Modelo de Barcelona, o la incorporación de estas personas a la oferta de tratamiento en medio abierto, como centro de día o piso, constituyeron en su día un auténtico punto de inflexión que nos permitió aprender más y mejor acerca de las adicciones y sus posibles vínculos con la actividad delictiva (recordemos que la criminalización de los y las drogodependientes era la tónica de aquellos tiempos) así como de los procesos de institucionalización. Ahora bien, más allá del aprendizaje que supuso (y que obviamente no damos por concluido) significó también una toma de posición de carácter ético que entronca con la reivindicación que anunciábamos al inicio de este párrafo. Una sociedad ha de poder acompañar los procesos de cambio, ha de situar en la órbita de los derechos y los deberes su relación con la ciudadanía; equilibrio que todavía no encuentra en ocasiones su medida en un ámbito como el que nos ocupa. No sólo por tratarse de un tema sensible, también por un exceso de prudencia por parte de los distintos estamentos profesionales y de las entidades que intervienen. También por un tratamiento informativo poco acertado (y directamente sensacionalista). También por la falta de valentía en el impulso a otras políticas. Y a la innovación.

Pero hoy queremos pensar que esto ya no es así. Ha llovido mucho desde finales de los años 80 del siglo pasado… Y en FSC hemos complementado nuestras actuaciones “normalizando” la cartera de servicios (como es el caso del CAS en Brians 1 y 2), favoreciendo la participación de las personas reclusas y la dinamización de los diversos espacios en el proyecto de dinamización comunitaria, en el programa PID de Lledoners o el propio DAE en el centro penitenciario de Ponent, diseñando e implementando el acompañamiento en medio abierto de las personas penadas por delitos de agresión sexual, acercándonos a la realidad de los jóvenes en Quatre Camins, mejorando la ocupación laboral en Reincorpora, ofreciendo herramientas para  el empoderamiento de las mujeres en Brians 2… En definitiva, hemos adaptado nuestras respuestas a cada uno de los diversos ámbitos de actuación, promoviendo el vínculo, atendiendo a la particularidad. Y lo hemos hecho en compañía del tejido del tercer sector social, colaborando de manera activa en los diversos espacios de trabajo compartido y también de incidencia pública y política. Con la administración. Con las empresas. Con la ciudadanía. Hemos podido ver también cómo este entorno va más allá y es capaz de definir otro tipo de respuestas que nos sitúen en un escenario donde la inserción deje de ser un sueño compartido para devenir un objetivo factible. Y en ese empeño seguiremos, por compromiso, con convicción.

Sonia Fuertes
Subdirector del Área de Inserción Social de la Fundación Salud y Comunidad

No hay comentarios

Deja un comentario