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Entrevista a Diana Kirov, cuando la ayuda recibida como usuaria de un centro se transforma en compromiso de voluntariado

Tras haber sido usuaria del Centro de Recuperación Integral para Víctimas de Violencia Machista “Constanza Alarcón” de la Fundación Salud y Comunidad (FSC), Diana Kirov decidió regresar, esta vez como voluntaria. Actualmente, colabora como intérprete y mediadora intercultural, acompañando a mujeres que, como ella en el pasado, necesitan comprender, expresarse y recuperar la confianza para comenzar una nueva etapa sin miedo. Su historia es un ejemplo de resiliencia y de cómo la solidaridad puede convertirse en una forma de sanar.

– ¿Qué te motivó a implicarte en este voluntariado?

Mi motivación es muy personal. Yo misma viví durante un tiempo en el centro y recibí una ayuda fundamental, especialmente en el momento de la salida, cuando comienza una etapa compleja y decisiva. Sentí que necesitaba volver para devolver parte de lo que recibí.

– Al hilo de lo que comentas, ¿cómo te sentiste en esos primeros momentos, como usuaria del centro?

Recuerdo que lo más difícil para mí fue la barrera del idioma. Por eso, me emociona poder acompañar a otras mujeres en ese proceso y ayudarles a entender todo lo que les sucede y cada paso que dan.

– ¿Cuánto tiempo llevas colaborando como voluntaria?

Llevo más de un año participando como voluntaria en el centro.

– Concretamente, ¿en qué consiste tu tarea como voluntaria?

La labor consiste es traducir y mediar entre las mujeres y los distintos profesionales del centro. Ayudo en la comunicación a nivel personal, médico y jurídico, para que las mujeres puedan entender lo que se les explica y expresar lo que necesitan. No realizo intervenciones; mi papel es asegurar que la comunicación sea clara y que exista comprensión cultural en profesionales y usuarias.

Trabajo junto a otros voluntarios/as y profesionales. Formamos un equipo sólido, comprometido y muy humano.

– ¿Qué cualidades consideras importantes para realizar un voluntario en este tipo de centros?

La paciencia, la empatía, el respeto y el compromiso. No hace falta ser perfecto, basta con estar disponible y tratar a las personas con humanidad. Además, todo lo que ocurre en el servicio debe mantenerse en estricta confidencialidad y no compartirse fuera. Es una base ética esencial del compromiso del voluntariado en este tipo de programas.

– ¿Cuánto tiempo le sueles dedicar a este voluntariado?

Normalmente, dedico unas horas a la semana, dependiendo de las necesidades del centro en cada momento.

– ¿Qué te aporta esta experiencia?

Me siento útil y agradecida por poder ayudar a otras mujeres que pasan por situaciones parecidas a las que yo viví. También aprendo mucho del trabajo en equipo y de la experiencia, el compromiso y la calidad humana del equipo de profesionales.

– ¿Qué beneficios consideras que aporta tu labor de voluntariado a las personas usuarias del servicio?

Creo que mi labor les ayuda a entender mejor su situación, los recursos disponibles y los procedimientos. Poder expresarse sin miedo, en su propio idioma, con el equipo de profesionales, es un paso fundamental para recuperar la seguridad y la confianza.

– ¿Cómo describirías el ambiente de colaboración con el equipo profesional?

Es cercano, respetuoso y muy humano. Los/as profesionales cuentan con décadas de experiencia y, además de su preparación técnica, destacan por su calidad personal. Me siento muy cómoda trabajando con ellos/as porque siempre existe disposición para colaborar y apoyarse mutuamente.

– ¿Qué momento o momentos como voluntaria recuerdas con especial emoción?

Para mí, el mejor momento es cuando una mujer logra cerrar un proceso judicial favorablemente y puede empezar una nueva vida sin miedo. No es el resultado de mi trabajo individual, sino del esfuerzo conjunto, de la mano del equipo profesional del centro. Yo soy solo una parte, pero me llena de felicidad ver que, trabajando unidos, podemos ayudar a que una mujer recupere su seguridad y su vida.

– ¿Te gustaría aprovechar esta entrevista para hacer algún otro comentario?

Sí, decir que siempre necesitamos una mano amiga. No importa si es una abogada jubilada, una profesional de la casa, una costurera que pueda aportar algo práctico o cualquier persona con ganas de ayudar. Todas las contribuciones suman.

Además, personalmente, participo en este voluntariado también para transmitir a mis hijas que apoyar a otras mujeres es más importante que nunca.


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